Más de un siglo después de su muerte, el cuerpo de Bernadette Soubirous sigue despertando asombro. La joven vidente de Lourdes falleció el 16 de abril de 1879 en Nevers, Francia, tras años de enfermedad. Medía apenas 1,42 metros y había vivido con una salud muy frágil, por lo que muchos pensaban que su cuerpo se desintegraría rápidamente tras ser enterrado. Pero ocurrió algo inesperado.
En 1909, treinta años después de su muerte, su tumba fue abierta por primera vez. Médicos y autoridades presentes quedaron sorprendidos; el cuerpo no mostraba los signos normales de descomposición aunque la ropa sí estaba deteriorada por la humedad.
La historia se repitió en 1919 durante una segunda exhumación. Los médicos coincidieron en que no había señales habituales de putrefacción. La piel estaba más oscura y arrugada, pero el cuerpo seguía intacto.
En 1925 se realizó una tercera apertura antes de su beatificación. Los informes volvieron a señalar una conservación inusual. Para su exposición pública, se aplicó una fina capa de cera en el rostro y las manos, con el fin de proteger los tejidos.
Hoy el cuerpo de Bernadette descansa en un relicario de cristal en una capilla de Nevers, donde parece una mujer dormida, con el rosario entre las manos. Para la Iglesia Católica es un signo espiritual; para la ciencia, podría explicarse por factores como el suelo, la ventilación del ataúd o el ambiente. Aun así sigue siendo uno de los casos más famosos de cuerpos llamados “incorruptos”.